El Merecimiento

El Merecimiento

El Merecimiento

¿Cuántas veces has sentido un poco de vergüenza en aceptar que hiciste algo y bien y por lo tanto lograste grandes cosas?

¿Te pasa que sientes juicios externos cuando te crees merecedor de algo bueno?

Es posible que por creencias culturales e incluso por religión, muchas veces evitemos sentirnos merecedores. Tanto que confundimos la humildad con la incapacidad de manifestarnos orgullosos con nosotros mismos.

No es posible siquiera que podamos pensar en desear algo porque lo merecemos. Se nos ha enseñado a trabajar duro para conseguirlo porque de otra manera no hay mérito en ello. 

Lo fácil entonces, parece vetado. Lo fácil, no es sinónimo de éxito, y por supuesto, no es posible imaginar una vida donde las cosas fluyan sin sacrificios, sin sufrimientos.

Esto ha hecho que limitemos la abundancia que está latente esperando ser llamada. Un concepto que no debería estar forzado al hecho de que unos tengan y otros en oposición no puedan tener nada.

El universo es tan vasto que no hemos sido capaces de aceptar que hay suficiente para todos. Que podemos desearlo porque lo merecemos. Porque al nacer, todos tenemos las mismas oportunidades de ser felices. Que cada circunstancia es una especie de camino al aprendizaje, pero no hay dudas que en cada uno de los caminos el merecimiento está presente sin reparos. 

Por esto creemos en el poder de la mente, por eso potenciamos nuestras herramientas de PNL cada vez que una creencia limitante evita que alcancemos grandes metas.

No hay que esperar a sufrir para sentirnos merecedores. No es sólo a través del dolor que podemos acercarnos a la felicidad y la satisfacción. Un trabajo bien hecho es aquel que se hace con amor, con pasión y convicción. No hace falta haber padecido el proceso para que nos feliciten, para que nos recompensen. 

Confíen en ese poder natural que se nos concede desde el día que llegamos a esta vida. Un poder de merecer, de alcanzar, de lograr, de llegar a la meta.

Esto por supuesto no significa que nos convirtamos en seres perezosos, sin propósito, por el solo hecho de que todo lo que deseamos es posible.

Claro que hay que trabajar por alcanzarlo, claro que necesitamos invertir tiempo y esfuerzo en conseguir lo que buscamos, pero partamos de la base de que la felicidad no está negada para nadie. Que merecemos las mismas oportunidades siempre que estemos dispuestos a valorar cada una de ellas como un tesoro que debemos cuidar y preservar.

Repite todos los días: “Soy merecedor de grandes cosas, las posibilidades están dentro de mi”.

Conviértelo en disciplina y deja fluir el poder de la energía a tu vida. 

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